
La comunidad científica internacional mantiene una vigilancia sin precedentes sobre el océano Pacífico, donde satélites de la NASA han registrado señales claras del avance de un fenómeno de El Niño que podría situarse entre los más intensos registrados en las últimas décadas. Las observaciones muestran que la temperatura de la superficie del Pacífico oriental ya se encuentra 1,7 °C por encima del promedio de largo plazo, mientras que el nivel del mar ha registrado elevaciones de entre 30 y 40 centímetros en zonas cercanas a la costa sudamericana. Por su parte, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos estima en un 83% la probabilidad de que el evento se encuentre ya en pleno desarrollo.
El origen de este fenómeno se comenzó a observar en enero de 2026, cuando se detectó cerca de Micronesia, en el Pacífico occidental, el desplazamiento de una onda Kelvin: una masa de agua cálida que viaja miles de kilómetros hacia el este transportando energía térmica. Cuando estas ondas alcanzan el Pacífico oriental, elevan el nivel del mar y contribuyen al calentamiento de la superficie oceánica. Los científicos describen estas ondas como el latido del corazón de El Niño, ya que permiten anticipar con meses de antelación la llegada del fenómeno a las costas de América del Sur.
El calentamiento de las aguas altera el intercambio de energía y humedad entre el océano y la atmósfera, lo que puede desencadenar fenómenos climáticos extremos en distintas regiones del mundo. Algunas zonas recibirán precipitaciones muy superiores a lo habitual, con riesgo de inundaciones, mientras que otras enfrentarán sequías prolongadas y condiciones propicias para incendios forestales. La intensidad exacta y los efectos específicos variarán según la evolución del sistema durante los próximos meses, por lo que los organismos meteorológicos recomiendan mantenerse informados a través de las fuentes oficiales.
Otra señal que los investigadores monitorean desde el espacio es el cambio en el color del océano. El satélite PACE de la NASA ha detectado que, durante el desarrollo de El Niño, el debilitamiento de los vientos alisios reduce el ascenso de aguas profundas cargadas de nutrientes. Con menos nutrientes disponibles en la superficie, disminuye la presencia de fitoplancton, lo que hace que el agua adquiera tonalidades más azuladas. Esta transformación no solo indica la intensidad del fenómeno, sino que también advierte sobre posibles alteraciones en los ecosistemas marinos y en la actividad pesquera de las comunidades costeras.
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