
El 15 de enero de 1944, San Juan vivió uno de los momentos más trágicos de su historia cuando un terremoto devastador destruyó gran parte de la provincia en segundos, dejando escenas dantescas de casas derrumbadas, polvo en suspensión y un pueblo entero sentado entre escombros y dolor.
Entre los miles de sanjuaninos que quedaron marcados por la catástrofe estaba María Margarita Zabala, que entonces tenía 11 años y se encontraba comprando carne en el centro de la ciudad cuando el suelo se abrió y el mundo a su alrededor se vino abajo. Tras quedar sola entre las ruinas y caminar sin rumbo por calles irreconocibles, pasó frente a la iglesia de Santo Domingo —una de las pocas construcciones que mantenía parte de sus arcos de ladrillo sobrevivientes—, cuando vio a una mujer vestida de blanco, impoluta en medio del polvo y los escombros.
Según relató María décadas después, la figura se acercó y, con un rostro sereno y expresión virginal, le preguntó: “¿Por qué lloras, criatura?” y le transmitió una seguridad inexplicable diciéndole que su familia estaba bien, a pesar del caos. María confirmó luego que efectivamente ninguno de sus familiares había sufrido daño grave, algo que para ella quedó como una especie de mensaje de esperanza en medio de la devastación.
Esa imagen de “la mujer de blanco”, impoluta frente a la destrucción total, quedó grabada en la memoria de María para siempre, transformándose en un recuerdo que contrastó profundamente con la tragedia que vivió San Juan y con el recuerdo de las escenas más duras que siguieron al terremoto.
Hoy, 82 años después, este testimonio se recuerda como parte de las vivencias de quienes sobrevivieron a aquella noche que transformó para siempre la vida y la fisonomía de la provincia.
Related Posts
enero 16, 2026
enero 16, 2026
enero 15, 2026