
Un gravísimo siniestro vial ocurrido recientemente en la provincia de Mendoza volvió a poner en debate la renovación de los permisos de conducir para personas mayores. En el choque, una conductora de 82 años atropelló a dos jóvenes —uno de los cuales falleció y el otro fue internado con lesiones graves— cuando el vehículo que conducía pasó un semáforo en rojo.
El hecho generó repercusión nacional porque plantea preguntas incómodas: ¿Hasta qué edad debe permitirse conducir? ¿Son suficientes los controles médicos y psicológicos en los mayores para garantizar la seguridad vial? Expertos señalan que la clave no está únicamente en la edad, sino en las capacidades reales del conductor: reflejos, visión, audición, velocidad de reacción y condiciones de salud general.
En Mendoza, por ejemplo, la legislación provincial modificada establece que para mayores de 65 años la renovación de la licencia es cada cinco años, y desde los 75 años cada tres años, incluyendo análisis médicos para evaluar aptitud para conducir.
El debate también explora la diferencia entre discriminación por edad y supervisión adecuada: mientras algunos sostienen que prohibir conducir por la edad constituye un prejuicio, otros creen que los controles deben intensificarse con el paso del tiempo para prevenir tragedias.
Este accidente, lamentable en su resultado, funciona como llamada de atención: la seguridad vial no solo depende de los jóvenes o de la edad avanzada de un conductor, sino de la adecuación de los sistemas de renovación de licencias, de la responsabilidad individual y del fortalecimiento de los protocolos de control. Si lo deseas, puedo averiguar qué modificaciones legales se están evaluando actualmente en varias provincias argentinas respecto a licencias para adultos mayores.
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