
Mariela Naranjo, una mujer de 54 años que vive en Santa Lucía, siempre tuvo la sensación de que no era hija biológica de quienes la criaron. A lo largo de su vida sintió esa incertidumbre, aunque nunca había hablado abiertamente del tema con su familia.
Fue a los 42 años cuando se animó a preguntar por su identidad y confirmó lo que siempre había sospechado: su intuición era correcta y había sido adoptada. Sus padres adoptivos, que ya fallecieron, nunca le hablaron del tema, y la revelación abrió una profunda necesidad de entender sus orígenes.
Mariela está casada desde hace más de 35 años, es madre de cuatro hijos y abuela de dos nietos, pero asegura que conocer su historia biológica es una pieza clave que aún falta en su vida.
La búsqueda la llevó a indagar en redes sociales y a hablar con familiares, lo que finalmente le permitió obtener datos importantes: uno de sus hermanos le reveló el nombre que su madre biológica le habría dado al nacer y su fecha de nacimiento. Además, según la investigación preliminar de Mariela, su madre biológica habría trabajado en el Hotel Don Bosco y tenía otro hijo antes de darla en adopción.
A pesar de los pocos datos concretos, Mariela continúa su búsqueda con la esperanza de encontrar a su madre biológica, saber por qué fue entregada y si tiene hermanos o más familiares vivos. Ella ha expresado que no guarda resentimientos hacia sus padres adoptivos, a quienes agradece por la vida y los valores que le transmitieron, aunque siente que esta etapa de su historia necesita respuestas.
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